Archivo de la categoría: Crímenes

Las memorias de un errático exministro de economía griego

Yanis Varoufakis once described himself as an ‘erratic Marxist’. This heterodox economist became the finance minister in the Syriza-led Greek government during the most intense period of the Greek debt crisis when the Greeks were trying to avoid severe austerity measures being imposed by the Troika of the EU group, the IMF and the ECB […]

a través de Memoirs of an erratic Marxist — Michael Roberts Blog

Cada cierto tiempo la plutocracia brasilera intenta un golpe — Leonardo Boff

La plutocracia brasilera (los 71.440 multimillonarios según el IPEA) tiene poca fantasía. Usa los mismos métodos, el mismo lenguaje, el mismo recurso farisaico del moralismo y del combate a la corrupción para ocultar la propia corrupción y dar un golpe a la democracia y así salvaguardar sus privilegios. Siempre que emerge una democracia con apertura […]

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Las víctimas ignoradas de la”guerra contra el terror” son millones

Nafeez Ahmed

“-El mes pasado, la agrupación Médicos Socialmente Responsables (PRS son sus siglas en inglés http://www.psr.org/) con sede en Washington DC publicó un notable estudio donde concluyó que el número de víctimas mortales durante los 10 años de la”guerra contra el terrorismo”desde los ataques del 9/11 es de al menos 1,3 millones y podría llegar a ser de 2 millones.

El informe de 97 páginas del grupo de médicos galardonado con el Premio Nobel de la Paz (en 1985 compartió esa distinción) es el primero en contabilizar el número total de víctimas civiles causadas por la “lucha contra el terrorismo” liderada por Estados Unidos en Irak, Afganistán y Pakistán.
El informe PSR es creado por un equipo interdisciplinario de expertos de salud pública, que incluyen al Dr. Robert Gould, director de extensión profesional de la salud y la educación en la Universidad de California en San Francisco Medical Center y el profesor Tim Takaro de la Facultad de Ciencias de la Salud en la Universidad de Simon Fraser.
El estudio  ha sido casi totalmente ignorado por los medios de habla inglesa, a pesar de ser el primer esfuerzo de una organización de salud pública líder en el mundo para producir un cálculo científico riguroso del número de personas asesinadas por la “guerra contra el terror” liderada por el Reino Unido y los estadounidenses.

Importancia de las lagunas informativas

El informe PSR es descrito por el Dr. Hans von Sponeck, ex Secretario General Adjunto de ONU, como “una contribución significativa para reducir la brecha entre estimaciones confiables de las víctimas de la guerra, sobre todo civiles en Irak, Afganistán y Pakistán y estimaciones tendenciosas, manipuladas o incluso fraudulentas.”.

El informe lleva a cabo una revisión crítica de estimaciones previas de víctimas mortales de la “guerra contra el terror”. Es fuertemente crítico de la cifra  110.000 muertos, a saber, la más ampliamente citada por medios de comunicación como autoridad: la estimación del Iraq Body Count (IBC). Esa cifra se deriva de cotejar los informes periodísticos de asesinatos de civiles, pero el informe PSR identifica serias deficiencias y problemas metodológicos en este enfoque.
Por ejemplo, aunque 40.000 cadáveres habían sido enterrados en Nayaf desde el inicio de la guerra, IBC registró sólo 1.354 muertes en el lugar para el mismo período. Este ejemplo muestra cuan amplia es la brecha entre los datos proporcionados por IBC y la cifra real – en este caso, hay un factor superior a 30.

Estas lagunas están a lo largo de la base de datos de IBC. En otra aspecto, IBC registró sólo tres ataques aéreos durante el 2005, cuando el número de ataques aéreos había de hecho aumentado de 25 a 120 ese año. Una vez más, la diferencia es enorme, aquí por un factor de 40.

Según PSR, el muy controvertido estudio de The Lancet  (1) (2) que estimó 655.000 muertos de Iraq hasta 2006 (y sobre 1 millón hasta hoy por extrapolación) fue probablemente  mucho más preciso que las cifras de IBC. De hecho, el informe confirma un virtual consenso entre epidemiólogos sobre la fiabilidad del estudio Lancet.

A pesar de algunas críticas legítimas, la metodología estadística que se aplica, en el informe PSR, es la norma universalmente reconocida para determinar las muertes de las zonas de conflicto, utilizadas por gobiernos y organismos internacionales.

Lea el artículo completo en inglés en http://www.informationclearinghouse.info/

Notas

  1. “Mortality after the 2003 invasion of Iraq: a cross-sectional cluster sample survey” por Gilbert Burnham, Riyadh Lafta, Shannon Doocy, and Les Roberts. The Lancet, October 11, 2006
  2. y “The Human Cost of the War in Iraq: A Mortality Study, 2002–2006” por Gilbert Burnham, Shannon Doocy, Elizabeth Dzeng, Riyadh Lafta, and Les Roberts. A supplement to the October 2006 Lancet study.

El terrorismo es terrorismo especialmente el del poder

Soldados estadounidenses en hospital de Faluya, Iraq. Fuente:
http://www.militaryphotos.net/forums/showthread.php?26518-American-Iraqi-SF-in-Fallujah-hospital

Todos somos Charlie

zcomm.org
El mundo quedó horrorizado después del brutal ataque que sufrió la revista satírica francesa Charlie Hebdo. En las columnas del New York Times, el corresponsal Steven Erlanger, presente desde hace mucho tiempo en Europa, describió de forma sobrecogedora las repercusiones inmediatas de lo que muchos describen como el “11 septiembre” francés. Fue “una jornada durante la cual se sucedieron sirenas ruidosas con los ires y venires de los helicópteros. Una jornada de frenesí mediático, de cordones policiacos, de muchedumbres en pánico y de niños alejados de las escuelas por cuestiones de seguridad. Una jornada, como las dos que le siguieron, de sangre y de horror en París y sus suburbios”. El inmenso repudio mundial provocado por el atentado fue acompañado por una reflexión sobre las raíces profundas de esta barbaridad. “Muchos son los que ven en estos hechos un choque de civilizaciones”, anunciaba un título del New York Times. Las reacciones de horror y de indignación respecto a estos crímenes son justificadas, al igual que la búsqueda de sus causas profundas, siempre y cuando guardemos en mente firmemente algunos principios. La reacción debería ser completamente independiente de la opinión que se puede tener de ese periódico y del material que produce. Los eslóganes omnipresentes de tipo “Yo soy Charlie”, no deberían indicar, ni siquiera insinuar, ninguna asociación con el periódico, al menos en el contexto de la defensa de la libertad de expresión. Deberían más bien expresar una defensa de al libertad de expresión a pesar de lo que se puede opinar acerca del contenido, y aunque éste sea calificado de hiriente o depravado.
Y esos eslóganes también deberían expresar la condena de la violencia y del terror. El dirigente del Partido de los Trabajadores de Israel y principal contrincante para las próximas elecciones, Isaac Herzog, tiene toda la razón cuando dice que “El terrorismo es terrorismo. No existen dos formas diferentes de considerarlo.” También acierta cuando dice “Todas la naciones que desean la paz y la libertad enfrentan un inmenso reto” respecto al mortífero terrorismo – si dejamos de lado su interpretación selectiva acerca de este reto. Seguir leyendo El terrorismo es terrorismo especialmente el del poder

Mass Incarceration and the Struggle for Civil Rights in US

SPRP-Chart-1

Where Do We Go from Here?

 Excutive Summary

On the surface, crime and punishment appear to be unsophisticated matters. After all, if someone takes part in a crime, then shouldn’t he or she have to suffer the consequences? But dig deeper and it is clear that crime and punishment are multidimensional problems that stem from racial prejudice justified by age-old perceptions and beliefs about African Americans. The United States has a dual criminal justice system that has helped to maintain the economic and social hierarchy in America, based on the subjugation of blacks, within the United States. Public policy, criminal justice actors, society and the media, and criminal behavior have all played roles in creating what sociologist Loic Wacquant calls the hyperincarceration of black men. But there are solutions to rectify this problem.

To summarize the major arguments in this essay, the root cause of the hyperincarceration of blacks (and in particular black men) is society’s collective choice to become more punitive. These tough-on-crime laws, which applied to all Americans, could be maintained only because of the dual legal system developed from the legacy of racism in the United States. That is, race allowed for society to avoid the trade-off between societies “demand” to get tough on crime and its “demand” to retain civil liberties, through unequal enforcement of the law. In essence, tying crime to observable characteristics (such as race or religious affiliation) allowed the majority in society to pass tough-on-crime policies without having to bear the full burden of these policies, permitting these laws to be sustained over time.

What’s more, the history of racism, which is also linked to the history of perceptions of race and crime, has led society to choose to fight racial economic equality using the criminal justice system (i.e., incarceration) instead of choosing to reduce racial disparities through consistent investments in social programs (such as education, job training, and employment, which have greater public benefits), as King (1968) lobbied for before his assassination. In other words, society chose to use incarceration as a welfare program to deal with the poor, especially since the underprivileged are disproportionately people of color.

At the same time, many communities attempted to benefit economically from mass incarceration by using prisons as a strategy for economic growth, making the incarceration system eerily similar to the system of slavery. Given all of the documented social and economic costs of mass incarceration (e.g., inferior labor market opportunities, increases in the racial disparity in HIV/AIDS, destruction of the family unit), it can be concluded that it has helped to maintain the economic hierarchy, predicated on race, in the United States. In order to undo the damage that has been done, and in order to move beyond our racial past, we must as a nation reeducate ourselves about race; and then, as a society, commit to investing in social programs targeted toward at-risk youth. We must also ensure diversity in criminal justice professionals in order to achieve the economic equality that King fought for prior to his death. Although mass incarceration policies have recently received a great deal of attention (due to incarceration becoming prohibitively costly), failure to address the legacy of racism passed down by our forefathers and its ties to economic oppression will only result in the continued reinvention of Jim Crow.

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Argelia agrega contexto al ataque contra Charlie Hebdo

  • La guerra de 1954-62, una herida abierta en ambos países
  • Faltó incluir este ángulo histórico en las notas de prensa internacionales

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El mensaje “París es Charlie” es proyectado sobre el Arco del Triunfo en la capital francesa como tributo a las víctimas después del ataque mortal del miércoles en las oficinas del semanario Charlie Hebdo . Foto Reuters
 Robert Fisk
Beirut.

Mucho antes de que la identidad de los sospechosos de la matanza fuera revelada por la policía francesa –incluso antes de escuchar los nombres de Chérif y Said Kouachi–, murmuré la palabra Argelia para mis adentros. Tan pronto como oí los nombres y vi los rostros, volví a decir Argelia. Y luego la policía francesa dijo que los dos hombres eran de origen argelino.

Argelia sigue siendo la herida más dolorosa en el cuerpo político de la república –salvo tal vez por su continuo autoexamen de la ocupación nazi– y aporta un temible contexto a cada acto de violencia árabe contra Francia. La guerra de independencia argelina, que duró seis años y costó la muerte a un millón y medio de musulmanes árabes y a muchos miles de hombres y mujeres franceses, sigue siendo una agonía interminable y no resuelta para ambos pueblos. Hace apenas poco más de medio siglo, estuvo a punto de desatar una guerra civil en Francia.

Tal vez todos los reportes de periódico y televisión deberían llevar un ángulo histórico, un pequeño recordatorio de que nada –nada en absoluto– ocurre sin un pasado. Las masacres, los baños de sangre, la furia, el dolor, las cacerías policiacas (que se extienden o se estrechan al gusto de los editores) se llevan los titulares. Siempre el quién y el cómo, pero rara vez el por qué.

Tomemos por caso el crimen de lesa humanidad en París esta semana –las palabras atrocidad y barbarie disminuyen de algún modo el salvajismo del acto– y su secuela inmediata. Conocemos a las víctimas: periodistas, cartonistas, policías, y la forma en que fueron asesinados. Hombres enmascarados, rifles automáticos Kalashnikov, una indiferencia despiadada, casi profesional. Y la respuesta a por qué fue solícitamente proporcionada por los propios asesinos. Querían vengar al profeta por los irreverentes y (para los musulmanes) sumamente ofensivos cartones de Charlie Hebdo.

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Una reflexión informada sobre la matanza en París

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Navegaciones
Muera la irreverencia
Pedro Miguel

A las 11 de la mañana, la dibujante Corinne Rey, Coco, interrumpió su trabajo para recoger a su pequeña hija de una guardería cercana. Cuando regresó, unos minutos más tarde, se topó en la puerta del edificio con dos hombres encapuchados y armados con fusiles de asalto que encañonaron a su niña y le exigieron que tecleara el código de seguridad para abrir la puerta del inmueble. El resto es una pesadilla ya conocida: los atacantes se dirigieron a la redacción del semanario Charlie Hebdo y dispararon sobre quienes asistían a la junta de evaluación, asegurándose de matar a los más connotados: el director, Stéphane Charbonnier, Charb; los moneros Cabu (Jean Cabut); Georges Wolinski; Tignous (Bernard Verlhac) y Philippe Honoré; los periodistas Bernard Maris, Michel Renaud y Elsa Cayat. También asesinaron al guardaespaldas de Charb, Frank Brinsolaro; al corrector Mustapha Ourad y al empleado de mantenimiento Frédéric Boisseau, e hirieron a otras 11 personas. Metida bajo un escritorio y abrazando a su pequeña, Coco escuchó el medio centenar de disparos que dejaron sin su plana mayor al semanario. Los agresores se dieron tiempo para salir del inmueble, dispararon unas veces más a las ventanas de la redacción y enfilaron hacia el bulevar Richard Lenoir, donde se enfrentaron con el policía Ahmed Merabet, quien intentó detenerlos; le dispararon una descarga de Kalashnikov al parabrisas y cuando el hombre, herido y fuera del vehículo, se retorcía en el piso, lo remataron con calma.

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