Archivo de la categoría: Competencia capitalista

En eso tiene razón Trump, “America” ya no es (tan) grande

Alejandro Valle Baeza

Los Estados Unidos de América son una potencia en declive pero siguen siendo la primera potencia económica y militar del planeta. Es muy posible que los EUA sean el último imperio del capitalismo capaz de imponer por la fuerza de las armas o de las ideas el interés de los capitalistas de ese país al resto del mundo.  Por eso los estadounidenses tienen la arrogancia de decirle a su país América, como si ellos fueran el continente, e incluso muchos latinoamericanos dicen “americanos” en vez de estadounidenses.  Hoy el producto interno bruto de los EUA es cerca del 20 por ciento del PIB mundial pero esa proporción fue mucho mayor al final de la Segunda Guerra Mundial. El menor peso de los EUA en la economía mundial no sólo se debe a que otros han crecido más que los EUA sino además a que ciertas industrias estadounidenses han declinado. Cuando el fascista Trump entusiasma a sus seguidores ofreciendo que hará a “America” grande otra vez dice, además de una mentira, que ese país ya no es la potencia que fue. Dos ejemplos: la producción de automóviles y computadoras alguna vez fueron “americanas”  casi íntegramente, hoy no.

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Habrá una crisis económica…

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Alejandro Valle Baeza

No hay ningún mérito en decir lo que pusimos en el título de este artículo. En el capitalismo decir que habrá crisis puede hacerse con la certeza con la que se anuncia la salida del sol para mañana. En los Estados Unidos, la primera economía capitalista del mundo hay, en promedio,  una crisis cada 56.4 meses desde el año 1854 hasta 2009, año en el cual ocurrió la última crisis registrada en ese país según la oficina gubernamental  encargada de estudiar el fenómeno la National Bureau of Economic Activity (BEA). Ya han pasado más de 56 meses desde el fin de la última crisis registrada por la BEA quien lo fechó en junio de 2009.

Es meritorio decir, como lo están haciendo algunos marxistas,  que habrá una crisis estadounidense este año o el siguiente. Por ejemplo José Tapia, marxista español quien trabaja en EUA,  pronosticó una crisis para 2016 o 2017. Michael Roberts, un marxista británico, ha dicho adicionalmente que hay posibilidades que sea severa y se convierta en mundial. Roberts basa su pronóstico en el análisis de la secuela de la crisis anterior: “La resaca de la crisis global”.[1] Para paliar los efectos de la crisis de 2008-09 los gobiernos de las principales economía capitalistas se han endeudado aceleradamente y han propiciado que lo hagan las empresas. El resultado es que la deuda creció hasta volver al nivel peligroso que había en 2007 y que propició la crisis financiera iniciada en diciembre de ese año. La deuda mundial es 225 por ciento del producto interno bruto mundial tal como se ve en la gráfica:

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Ilustración 1

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Matrimonio antiigualitario: Bayer y Monsanto se unen

Efectos del agente naranja en un niño vietnamita. Fuente: TeleSur: Vietnam: La escalofríante historia de los niños víctimas del agente naranja.

Alejandro Valle Baeza

 

Recientemente contrajeron nupcias Frau Bayer y Mr. Monsanto[1]. Se trató de una fusión mamut, la primera empresa, la alemana Bayer, inició el proceso para adquirir a la segunda, una empresa estadounidense, por 60 mil millones de dólares y a partir de que se consume la unión, dos empresas gigantes actuarán mancomunadamente para acrecentar sus ganancias en el mercado de productos químicos. Hay la posibilidad de que los Estados Unidos o la Unión Europea impidan la fusión pero eso sería la excepción y no la regla: las empresas capitalistas constantemente se unen a otras en un proceso que Marx  en El capital denominó centralización de capital. El proceso de fusión de empresas es la expresión del carácter social de la producción. Muchos trabajadores actúan coordinadamente para producir en diferentes puntos del planeta los complejos componentes de los modernos valores de uso que el capitalismo lanza al mercado. Cuando se fusionan empresas el grado de coordinación aumenta, se eliminan redundancias porque se eliminan trabajadores y los que queden producirán para la nueva empresa. Seguir leyendo Matrimonio antiigualitario: Bayer y Monsanto se unen

El futuro de EE.UU. es la ruina

Casas abandonadas en Detroit, la capital del automóvil estadoundense y que alguna vez fue la ciudad con el ingreso por persona más alto de los EE.UU. Hoy Detroit está arruinada, ¿será una imagen del país?
  • “El liderazgo se convierte en imperio. El imperio engendra insolencia. La insolencia provoca la ruina.” 
  • Los estadounidenses tienen que comprender que lo único excepcional respecto a EE.UU. es la ignorancia de la población y la estupidez del gobierno.
  • Existe mucha evidencia circunstancial de que la CIA y la Inteligencia Francesa son responsables por la matanza en Charlie Hebdo
Information Clearing House

 

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Los neoconservadores formados en sus oficinas en Washington se felicitan por su éxito en el uso del affaire Charle Hebdo para volver a unir a Europa con la política exterior de EE.UU. No más votos franceses con los palestinos contra la posición de Washington e Israel. No más simpatía europea con los palestinos. No más creciente oposición europea al inicio de nuevas guerras en Medio Oriente. No más llamados del presidente francés a terminar las sanciones contra Rusia.

¿Comprenden también los neoconservadores que han unido a los europeos con los partidos políticos derechistas opuestos a la inmigración? La ola de apoyo para los caricaturistas de Charlie Hebdo es la ola del Frente Nacional de Marine Le Pen, del Partido de la Independencia de Nigel Farage en el Reino Unido, y de PEGIDA en Alemania que barre Europa. Esos partidos son empoderados por el fervor contra la inmigración que fue orquestado a fin de volver a unir a los europeos con Washington e Israel.

Una vez más los arrogantes e insolentes neoconservadores han cometido un craso error. El empoderamiento por Charlie Hebdo de los partidos contra la inmigración tiene el potencial de subvertir la política europea y de destruir el imperio de Washington. Ved mi entrevista del fin de semana con King World News para conocer mis pensamientos sobre este potencial cambio de la situación. http://kingworldnews.com/paul-craig-roberts-new-crisis-worse-russia-unleashing-black-swans-west/

Los informes del Daily Mail británico y de Zero Hedge de que Rusia ha cortado sus entregas de gas natural a seis países europeos deben ser erróneos. Esas fuentes son creíbles y bien informadas, pero semejante corte habría producido instantáneamente un torbellino político y financiero del que no hay ninguna señal. Por ello, a menos que haya un bloqueo informativo, la acción rusa ha sido mal interpretada.

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Krugman concluye hoy lo que Marx había dicho en la ley general de la acumulación capitalista

robots-foxconn“Technology has shifted in a way that really favors capital over labor,” Krugman said. “That makes it possible to replace people with machines.”

The rise of machines is in part to blame for growing income inequality, according to Paul Krugman.

The Nobel Prize-winning economist and New York Times columnist said in an interview with Business Insider that companies’ preference for investing in machines instead of workers is partially to blame for income inequality in the 21st century. That’s a shift from the last two decades of the 20th century when income inequality was mostly about the differences between high-skill and low-skill workers.

“Technology has shifted in a way that really favors capital over labor,” Krugman said. “That makes it possible to replace people with machines.”

Since 1960, income inequality has jumped in the U.S. by more than in any other Western country, according to a November analysis from economics professors.

Even while income inequality soars, workers aren’t catching any breaks. From the start of the economic recovery until June 2011, business spending on equipment and software increased 26 percent, while spending on labor grew by 2 percent, according to The New York Times. In developed countries around the world, millions of middle-class jobs have been lost to technology, the Associated Press reports.

And while companies are hiring fewer workers in favor of more machines, they’re squeezing more out of the workers that do get jobs. S&P 500 companies made $420,000 per worker in 2011, a full ninth more than in 2007.

Source: http://www.huffingtonpost.com/2013/02/02/paul-krugman-rise-of-machines_n_2607346.html

 

The west must wake up to the growing power of the Brics

The Guardian, Monday 2 April 2012

The fourth annual Brics summit between the leaders of Brazil, Russia, India, China and South Africa concluded in New Delhi last month. This group of fast-growing developing economies that now number among the 10 largest in the world, plus South Africa, represents almost half the world’s population and a growing share of its production. The Brics’ political clout has grown with their importance to the world economy and the latest summit declared its intention to set up a development bank to mobilise “resources for infrastructure and sustainable development projects in Brics and other emerging economies and developing countries, to supplement the existing efforts of multilateral and regional financial institutions for global growth and development”.

Despite their growing importance, commentators such as Jeremy Warner of the Telegraph dismiss the Brics: “virtually nothing … unites them other than resentment and suspicion of western monopoly, some of it justified, some of it not”. Rather than thinking up grandiose schemes such as development banks guaranteed to founder on their disunity, they say, the Brics leaders should have proposed a common candidate for World Bank president. While the US would definitely block such a candidate, at least the Brics would have learned to unite.

Such condescending commentary practically demonstrates how not to detect change in the world economic and political order. The Brics and emerging economies have already set in train a wider set of changes in the institutional architecture of the world order. Since western powers maintain their grip on its major institutions, these rising powers have simply side-stepped them, setting up new institutions and using old minor ones in new ways. The result is a decentralised and regionalised institutional structure that doesn’t look like a rival to western-dominated centralised and worldwide institutions at first sight.

But it is. For example, it bypasses the dollar-centred world monetary and financial regime. For decades this regime slowed developing countries’ growth, costing them two “lost decades of development”. Rather than directing productive capital to the developing world, as it was theoretically supposed to do, it directed capital from poor to rich countries. Worse, there this capital financed consumption, not production. After the recent financial crisis, this regime has created new problems by fuelling speculation, artificially driving up emerging economy currencies and food, fuel and raw material prices. Naturally, the Brics complain of these new obstacles to their continued growth.

In March 2009 the governor of the People’s Bank of China called for international monetary reform to replace the dollar with a currency commonly created and managed by member countries such as Keynes had called for in the 1940s. The call’s criticisms of the dollar-centred regime were broadly echoed by the Stiglitz commission set up by the president of the United Nations general assembly later that year. Properly designed, such world monetary reform would boost productive investment and growth worldwide. It is not the alleged disunity of the Brics but hold of financial interests over the US and western governments that makes such reform unlikely. These interests benefit from their control over and privileges in the world’s existing monetary and financial institutions and governments they dominate are unlikely champions of reform.

The Brics cannot afford to wait for this dominance to end. Their high growth rates began reshaping what we may call geopolitical economy a decade and a half ago – Goldman Sachs economist Jim O’Neill coined the term Bric in 1999 – despite, not because of, the dollar-centred regime. And they began changing the institutional environment to suit their needs.

Over this period, IMF influence fell and it had to compromise key policy prescriptions – pre-eminently on capital controls – as regional development banks and arrangements between two or more developing economies to conduct trade and investment in their own currencies undermined its monopoly. While China made the most such arrangements and founded the Chiang Mai Initiative Multilateralisation (CMIM) as a regional organisation for similar purposes, other Brics and emerging economies are also following suit.

So, as the rising profile of the Brics reshapes geopolitical economy and its institutional architecture, backing this or that candidate for president of an unreformed World Bank hardly matters. As if recognising this, Robert Zoellick, the current president, has endorsed the Brics development bank initiative, fearing that not doing so would be a “mistake of historic proportions” in a world where the Brics are increasingly important.

Competencia y monopolio en el capitalismo globalizado

Diego Guerrero

Febrero 2007
1. Intro 1
2. La libre competencia de los capitales 5
3. El Monopolio, según los marxistas 9
4. La competencia, según Marx 19. Bib 25-26.
I. Introducción
En el análisis de las relaciones económicas internacionales, hay tres enemigos principales del correcto entendimiento de las causas y consecuencias de las desigualdades entre países: las ideas convencionales de “monopolio”, “imperialismo” y “globalización”. Como es claro que, sin una adecuada concepción teórica global, es poco aconsejable descender a análisis más específicos, nos proponemos contribuir a estos de forma indirecta, intentando una clarificación de ideas esenciales como las de competencia y monopolio, su relación mutua y el tratamiento dado a la misma en la tradición marxista del pensamiento económico.
Entre los enemigos viscerales del monopolio –donde sorprendentemente se cuentan desde Adam Smith a Milton Friedman, pasando por Lenin, Sweezy o los economistas cubanos contemporáneos– circula la idea (simple y simplista) de que todo iría mucho mejor si no existieran monopolios. Adam Smith imputaba a los monopolios del “sistema mercantil” el origen de la inferioridad de la economía precapitalista respecto de la “actual”, basada en la Mano Invisible del mercado. Igualmente, Milton Friedman y los ultraliberales actuales imputan al monopolio buena parte de los males de la economía actual. Por una parte, y en defensa de las bonanzas del capitalismo, los liberales no tienen inconveniente en acusar de ineficiente al monopolio con tal de ensalzar, como en el negativo de una fotografía, las bondades de la competencia perfecta, a la que tanto se parecería la economía actual si no existieran ese y otros pequeños “fallos de mercado”(i). Por otra parte, su odio al gobierno los lleva a convertirse en enemigos del monopolio y la gran empresa, a los que identifican con el primero (ii). Pero entre ambos extremos, y lamentablemente, autores como Lenin, Sweezy y tantos otros marxistas se han dejado seducir por la idea de que el autor de buena parte de los males de la sociedad moderna es esa forma potenciada de monopolio que es la gran empresa trasnacional actual.(iii)

Notas

i Según el enfoque tradicional, la empresa monopolista produce una cantidad inferior, y lo hace a un precio superior, que en competencia perfecta. Pero según el enfoque dinámico de la competencia, esto no es necesariamente así: si la empresa monopolista no tiene los mismos costes que la de competencia perfecta –y no hay razón alguna para que sean idénticos–, la situación puede ser la contraria, con lo que se
derrumbaría de un golpe la enorme cantidad de literatura sobre los efectos perniciosos del monopolio en términos de Economía del bienestar.
ii En una larga entrevista publicada dos meses después del 11–S en el diario El País (domingo, 11 de noviembre de 2001, pp. 10–11 del Suplemento Negocios), Milton Friedman mostraba claramente la concepción liberal del monopolio, junto a las diferencias que, en torno a la cuestión más general de la intervención del Estado en la economía, existe entre el (ultra)liberalismo dogmático que él representa y el
(ultra)liberalismo pragmático del líder de su partido, el Presidente de Estados Unidos, George W. Bush. La coherencia liberal de Friedman lo llevaba a declarar que “la guerra no debe ser un pretexto para la intervención del Estado”, y por eso criticaba que Bush hubiera ayudado con fondos públicos a las compañías de aviación y de seguros tras el 11-S. Pero asimismo, ante la pregunta de la periodista –“Su desconfianza hacia los políticos es grande, pero ¿no desconfía de las grandes empresas?”–, responde: “¡Por supuesto que sí! Los empresarios son los enemigos de una sociedad libre, toda empresa supone un gran peligro para los Gobiernos. Al fin y el cabo se sirven de los Gobiernos para sus propios fines (…) Por esa razón también estoy a favor de que el Gobierno sea más débil, más reducido, con objeto de reducir el poder de las grandes empresas.”
iii ¿Cómo se explica esta coincidencia entre un liberal procapitalista tan importante y esos autor marxistas anticapitalistas tan relevantes? Sin duda por razones políticas de varios tipos. Por una parte, todos ellos, a diferencia de lo que le sucedió a Marx, se dejaron atraer (unos más, otros menos) hacia el centro de la órbita teórica del liberalismo. Ninguno vio, como Marx, que el problema ya estaba en la pequeña empresa
individual, y aun en la propia mercancía y la contradicción que ésta encierra entre su valor de uso y su valor. En vez de eso, estos marxistas pensaban que el problema es que la gran empresa contradice la libertad de la pequeña empresa y su libre competencia. Se entiende bien que los liberales sean contrarios al monopolio. La razón es simple: al criticar lo que presentan como una deformación e hipertrofia de los
rasgos “buenos” del sistema, en el fondo están argumentando implícitamente a favor del sistema competitivo (al que se opone la actuación de los monopolios, en su opinión). En cuanto a los marxistas “antimonopolistas”, su error teórico parece residir en otro error de cálculo político: el de insistir en la consigna de “Todos contra los monopolistas: unámonos los asalariados y las clases medias en su contra, incluidos los pequeños empresarios”. Marx, por el contrario, prefería pensar que más valía una oposición cualitativamente consistente y consciente, aunque en principio fuera minoritaria, que una oposición cuantitativamente numerosa pero completamente heterogénea y ecléctica.

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