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Profesor investigador UNAM

Venezuela: los símbolos de la resistencia

 
Hombre que fue incendiado por personas que lo acusaron de robar durante una manifestación contra el Presidente de Venezuela, Nicolas Maduro, corre en medio de partidarios de la oposición en Caracas, Venezuela, el 20 de mayo de 2017.

Marco Bello / Reuters

Raúl Romero*

La edición americana del diario El País dedica nuevamente su primera plana a la Crisis en Venezuela. La fotografía principal es muy llamativa: en lo que pareciera ser un salón de clases, cinco jóvenes –todos hombres–, permanecen sentados sobre sus pupitres. Sus rostros están cubiertos con máscaras antigás y otros objetos. Uno de ellos destaca sobre los demás. Lleva puestos unos tenis color azul de la marca Adidas y en su sudadera, también azul, sobresale en color naranja el símbolo de Nike. Su boca está protegida por un respirador antigás y el resto de su cabeza se encuentra cubierta con una máscara del personaje emblema de The Walt Disney Company, Mickey Mouse. Dos muletas y una pierna vendada terminan por destacar la heroicidad del personaje. La imagen bien podría inspirar a Naomi Klein para hacer un agregado a su célebre libro No logo: el poder de las marcas.

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Venezuela, los cerros bajaron

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Los cerros de Caracas no son postales turísticas. Autor: José M. Correa

Luis Hernández Navarro

Un triunfo rotundo de la revolución bolivariana. Una derrota contundente de la oposición y sus aliados. Un mensaje claro del pueblo venezolano. Esas son las principales enseñanzas de las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) del pasado 30 de julio.

Un triunfo del chavismo porque movilizó a las urnas a más de 8 millones de votantes. Una derrota de la oposición porque infructuosamente trató de impedir, de todas las maneras posibles, la violencia incluida, la realización de los comicios. Un aviso inequívoco de los pobres venezolanos: quieren paz y no están dispuestos a que se les cancelen las conquistas de su revolución.

El chavismo tuvo en estas elecciones 400 mil votos más de los que la oposición alcanzó en las elecciones legislativas de 2015. En aquel entonces, la Mesa de Unidad Democrática (MUD) alcanzó 7 millones 726 mil 66 sufragios, la votación más alta en su historia.

La cifra es también superior a la cosechada por Nicolás Maduro en los comicios presidenciales de 2013. En aquel entonces, el hoy mandatario ganó con 7 millones 505 mil 338 votos. Y es ligeramente inferior a la obtenida un año antes por Hugo Chávez: 8 millones 191 mil 132 sufragios.

Los votos obtenidos para nombrar la ANC son muchos más de los 7.2 millones que supuestamente obtuvo la oposición en el referendo en contra organizado el pasado 16 de julio. Con un elemento adicional: la consulta de los enemigos de chavismo fue fraudulenta. Fuera de Venezuela votaron 693 mil personas, pero el registro electoral de los ciudadanos de ese país en el exterior es de 101 mil. Se documentó cómo sufragaron niños de 10 años y una sola persona lo hizo en 17 ocasiones (https://goo.gl/1FKnWt). Y, para que no quedara huella de la estafa, quemaron las papeletas de votación.

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Se estanca la inversión en países ricos

Recently, Larry Elliott, the economics correspondent of the British liberal newspaper, The Guardian raised again the puzzle of the gap between rising corporate profits and stagnant corporate investment in the major capitalist economies. Elliott put it “The multinational companies that bankroll the WEF’s annual meeting in Davos are awash with cash. Profits are strong. The return on […]

a través de Profitability and investment again – the AMECO data — Michael Roberts Blog

Un gobierno que parece deshacerse entre insultos y errores es el de Trump

 

  • Scaramucci: “Reince (Priebus, el entonces jefe del gabinete) es un fucking esquizofrénico paranoico….”; “No soy Steve Bannon (el estratega político de la Casa Blanca), no estoy intentando chupar mi propio pito… no estoy tratando de construir mi propia marca sobre la fucking fuerza del presidente. Yo estoy aquí para servir al país”.

Trump corre a su jefe de gabinete; lo remplaza Kelly

David Brooks, corresponsal | viernes, 28 jul 2017 20:52

 

Nueva York. Horas después de la peor derrota política de Donald Trump y de legisladores republicanos y de la exhibición pública -a través de insultos con palabras que los medios tuvieron que censurar- de la intensa guerra dentro de su administración, la semana caótica del régimen culminó con la expulsión, este viernes, del jefe de gabinete del presidente.

Reince Priebus, nunca contó con la confianza completa de Trump ni de algunos de sus asesores más cercanos, este viernes acompañó al mandatario en el avión presidencial a un acto en el estado de Nueva York mientras se decidía que este sería su último viaje como funcionario.

Priebus concluyó apenas un semestre en el puesto cuando Trump anunció esta tarde que el secretario de Seguridad Interna, el general retirado John Kelly, sería el nuevo comandante de su gabinete.

El presidente informó del nombramiento de Kelly en un tuit declarando que “es una verdadera estrella de mi gobierno”. Sólo después dijo que deseaba agradecerle a Priebus y que “logramos mucho juntos y estoy orgulloso de él”.

Menos de 24 horas antes, el Senado controlado por los republicanos fracasó en aprobar cualquier versión de una contrarreforma de salud para anular el llamado Obamacare -objetivo prioritario durante siete años y promesa central de campaña de Trump-, lo cual es un grave revés que generará aún más división entre los legisladores y representa otra derrota grave para un presidente que aún no ha logrado impulsar un proyecto de ley mayor desde que llegó a la Casa Blanca hace seis meses.

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La crisis brasileña en el contexto de la nueva guerra fría

El problema fundamental de la crisis brasilera no está solamente en la corrupción, que es endémica y tolerada por las instancias oficiales, ya que se benefician de ella. Si fuesen recuperados los millones y millones de reales que anualmente los grandes bancos y las empresas dejan de entregar al INSS, una reforma de la Seguridad […]

a través de La crisis brasilera en el contexto de la nueva guerra fría — Leonardo Boff

La brutalidad de la derecha venezolana

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El acusado de chavista corre. Foto Marco Bello / Reuters

Venezuela, los aprendices tropicales de Isis

Luis Hernández Navarro

 

Carlos Eduardo Ramírez salió a buscar empleo el jueves 18 de mayo. Alrededor de las 3 de la tarde caminaba por una de las calles cercanas a la estación del Metro de Altamira, en Caracas, cuando un grupo de unos 20 opositores al gobierno encapuchados lo abordó. De inmediato comenzaron a golpearlo con palos y piedras. Uno llevaba una pistola. ¡Mátalo, mátalo, mátalo! ¡Se tiene que morir ese chavista!, le gritaron.

Carlos Ramírez les gritó: ¡Yo no soy chavista, yo no soy chavista! ¿Por qué me van a matar? ¡Déjenme vivir que quiero ver a mi hija! Los enmascarados le echaron gasolina encima y le prendieron candela. Él comenzó a saltar, a correr, a gritar y se tiró al piso para sofocar las llamas. La policía municipal de Chacao (municipio en manos de la oposición) no hizo nada para evitarlo. Sólo lo auxiliaron los bomberos (https://goo.gl/tDTB7A).

Carlos fue la primera persona a quien los pacíficos opositores venezolanos le prendieron fuego por ser chavista. Afortunadamente vivió para contarlo. Sin embargo, Orlando José Figueras, de 21 años, no pudo decir lo mismo. El 20 de mayo, en Altamira, fue salvajemente golpeado, apuñalado y quemado por los aprendices tropicales de Isis por ser ladrón y madurista (https://goo.gl/krpfcu). No pudo sobrevivir.

Desde entonces, los enemigos de la revolución bolivariana no han parado de quemar a seres humanos por el delito de ser chavistas. Los fanáticos le han prendido fuego a 19 personas, en su inmensa mayoría negros, pobres o funcionarios gubernamentales.

Pero, su vocación piromaniaca no termina ahí. Han incendiado alimentos (más de 50 toneladas en el estado Anzoátegui, donde, según Marco Teruggi, acompañaron la lumbre con tres pintadas: chavistas malditos, no más hambre, y viva Leopoldo); urnas fúnebres del cementerio de Guaicaipuro; banderas cubanas; la estatua de Hugo Chávez; la Dirección Ejecutiva de la Magistratura (DEM) del Tribunal Supremo de Venezuela en Chacao; la sede del Ministerio de Vivienda; el Instituto Nacional de Nutrición; comisarías y una larga lista de edificios públicos.

La pedagogía del fuego opositor forma parte de su apuesta insurreccional. Su conversión en la versión sudamericana del Ku Kux Klan (no es casualidad que muchas de sus víctimas sean afrodescendientes) es parte de su fracaso para ganar base social en los sectores más humildes. Como la guerra económica, el bloqueo de calles y avenidas en los barrios de clase media, el despliegue de formas de lucha de guerrilla urbana y la campaña mediática que desplegaron no han provocado ni la fractura del Ejército ni la deserción popular de la causa chavista, la oposición recurre ahora al terror. Busca que el miedo paralice a quienes se le oponen. Pretende desgastar la resistencia popular.

No es novedad. La derecha latinomericana tiene una larga tradición terrorista. No hay pueblo en el continente que no la haya sufrido. Sin embargo, la oposición venezolana la ha innovado y superado con creces. Sus asesores han aprendido de Isis. Hacer que las llamas devoren a seres humanos es una de las cartas que han puesto sobre la mesa para provocar pánico. Sin embargo, quemar vivas a las personas es una bestialidad que muchos medios de comunicación y grupos defensores de derechos humanos han decidido ignorar y silenciar.

A pesar de que los grupos de choque opositores recurrentemente hacen uso de la violencia contra la población pobre, la prensa internacional los describe como pacíficos, libertarios, “ cool” y hasta sexis”. Y, aunque los comandos que ejecutan la violencia callejera están integrados por paramilitares colombianos, lúmpenes pagados, bandas de delincuentes y grupos de choque con entrenamiento en guerra irregular, se les presenta como jóvenes idealistas que luchan contra la dictadura castrocomunista durante el día y luego van a reventarse de noche; que combinan las máscaras antigases en las barricadas con los vestidos de moda y los tragos exóticos cuando el sol se oculta (véase, por ejemplo, https://goo.gl/djHLgQ y https://goo.gl/LY8w3z).

Esta campaña de desinformación sobre lo que sucede en Venezuela ha alcanzado niveles grotescos. Durante meses, Lilian Tintori aseguró que se su esposo, Leopoldo López, estaba siendo torturado en prisión. Incluso se dijo que había fallecido. Multitud de medios dieron por buena esta versión sin corroborarla. Sin embargo, cuando el pasado 8 de julio López pasó a prisión domiciliaria, parecía más un instructor de fisioculturismo que un reo martirizado.

Hasta el momento, la intentona golpista de la oposición venezolana ha provocado 105 muertos. De ellos, 29 fueron víctimas directas de los mismos manifestantes. Por ejemplo, cuatro perecieron cuando les estallaron en las manos los explosivos que pensaban utilizar contra otros. Fallecieron durante saqueos y un incendio dentro de un almacén provocado por los asaltantes, 14 personas. Otros 14 decesos fueron obra de autoridades del Estado, procesados en su mayoría judicialmente. Los 44 restantes están bajo investigación (https://goo.gl/VCqv97).

A corto plazo, la oposición venezolana está empeñada en hacer fracasar la votación para nombrar la Asamblea Nacional Constituyente el próximo 30 de julio. Pero, más allá de este propósito, aspira a formar un gobierno paralelo, que, aunque sea testimonial (y esté incapacitado para ejercer el poder real), pueda obtener el apoyo de Estados Unidos, y abra la puerta a una invasión extranjera. Los aprendices tropicales de Isis van con todo, incluyendo prender fuego a los venezolanos negros y pobres, a los que no perdonan la osadía de haberse hecho dueños de su propio destino.

Twitter: @lhan55

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/07/25/opinion/015a2pol