El mito de la academia izquierdista


Fuente: Brookings 

Paul Street, TeleSur

El control ideológico de la universidad está íntimamente relacionado con la economía de la “educación superior” en la era neoliberal.

Profesores que profesan demasiado, son despedidos fácilmente cuando son contratados únicamente por un curso, un semestre o un año académico. Entre las muchas cosas absurdas de la derecha estadounidense, pocas afirmaciones son más ridículas que la común idea reaccionaria que las universidades y colegios de los Estados Unidos son focos de la Izquierda.

Confía en mí, lo sé. Tengo un Ph.D. (en Historia de los Estados Unidos), junto con un gran número de publicaciones académicas, siete libros publicados (con escritos y complementos en sus cubiertas de líderes académicos), un record de enseñanza evaluado positivamente, investigación financiada por la subvención, y un largo historial de charlas cono invitado en toda la nación y Cuba. He publicado más de 500 ensayos en forma impresa y en línea, muchos reproducidos en numerosos idiomas en todo el planeta. Mi investigación y comentarios han sido presentados en un gran número de lugares por los medios de comunicación, incluyendo el New York Times y CNN, Al Jazeera, y el Chicago Tribune.

Menciono esto no para presumir, sino para sostener mi argumento. Teniendo en cuenta que gran parte de mi escritura y conferencias han venido abiertamente de la izquierda radical anticapitalista, es lógico pensar que iba a tener un mínimo de demanda como docente y / o investigador, por un sistema académico que era en realidad izquierdista. Sin pretender ser el líder del mundo de la izquierda intelectual, creo que es justo decir que habría por lo menos algún tipo de posición mínimamente decente para alguien como yo en un sistema universitario de izquierda radical. La realidad es todo lo contrario: Yo tendría un poco más de oportunidad que una bola de nieve en el infierno de que me ofrezcan una modesta carrera académica en los EEUU de hoy.

Parte de la explicación de este curioso hecho tiene que ver con un cambio épico en los trabajos académicos que se remonta a más de tres décadas. En EEUU la “educación superior” se ha mantenido durante muchos años a la vanguardia de la reorganización neoliberal del mercado de trabajo. Convirtió una parte de los puestos de profesores a tiempo completo y con experiencia, en puestos de trabajo a destajo, temporales e híper-explotados, repartidos por cursos; una nueva subclase académica de aprendices permanentes con una situación precaria: los adjuntos. Según la Asociación Americana de Profesores Universitarios (AAUP), más del 50 por ciento de todos los profesores de EE.UU., hoy trabajan a tiempo parcial. Tales personas son “típicamente pagadas por curso, sin beneficios… Las posiciones temporales representan actualmente el 76 por ciento de todos los nombramientos de personal de enseñanza en la educación superior en Estados Unidos”. (Fui empleado [mientras trabajaba para un doctorado] como profesor adjunto en seis diferentes instituciones del área de Chicago de “educación superior” por más de cinco años, al final del último milenio. El pago se redujo por debajo del salario mínimo federal).

La reducción del tamaño de la enseñanza universitaria, puede parecer irónico, se ha producido durante el mismo período en que la matrícula universitaria ha subido por las nubes. Pero el dinero que se obtiene por las altas matrículas -tan altas que ahora millones y millones de jóvenes adultos en Estados Unidos cargan durante muchos años con la deuda insostenible de sus años como estudiantes- no va más para sostener una investigación y enseñanza en serio. El dinero se usa en gran parte en las instalaciones, la tecnología y la construcción de nuevas capas de burocracia académica, llena de administradores muy bien pagados que carecen de la comprensión y la preocupación por el trabajo que hacen los académicos serios.

Lo último a lo que se destina es al empleo de profesores que estimulen a los estudiantes a analizar críticamente el sistema de educación superior neoliberal y las estructuras corporativas imperiales más amplias de poder y la desigualdad a la que el sistema sirve. Con un número cada vez menor de excepciones, el vigente (restante) número de profesores permanentes, entiende esto muy bien y no quiere poner en peligro su propia, relativamente cómoda, posición, ofreciendo críticas serias y sostenidas de las dictaduras no elegidas e interrelacionadas de dinero e imperio. (La escalofriante ausencia de oposición seria en los campus a la invasión monumentalmente criminal de George W. Bush en Irak, fue un síntoma de esta forma de pensar de corazón débil).

Los acobardados comités de contratación académicos saben muy bien cómo evitar problemas al traer al campus a alguien con más que simplemente una silla y con un seminario de política izquierdista. (Saber que tengo esa política es fácilmente comprobable a partir de una o dos búsquedas inteligentes de mi nombre en Google). Eso sería contaminar la academia con, “la política”.

¿Y qué si la mayoría preponderantemente no-radical de académicos hacen lo que es política e ideológicamente valioso en el marco de las cuidadosamente construidas pretensiones absurdas de indiferencia, “objetividad” y “neutralidad”? ¿Y qué si transparentemente un gran número de agentes políticos de los Estados Unidos militar e imperial, y de establecimientos corporativos, regularmente ofrecen posiciones de prestigio y muy bien pagadas en los colegios y universidades de Estados Unidos? Esos profesores y sus publicaciones no representan una amenaza para los centros de poder concentrados que controlan en último término, la “educación superior”. Su política no es un problema para los poderes fácticos. Son solamente profesores izquierdistas, instructores temporales y adjuntos que están en los márgenes de la academia los que reciben charlas de creación académica y regaños, como el libro de Stanley Fish, “Salven al mundo en su tiempo libre, y no con el dinero de la universidad”.

Si los comités universitarios de contratación tienen alguna duda acerca de la voluntad de las autoridades superiores para castigar a los profesores por llegar a ser “demasiado políticos” de la manera equivocada, se puede leer acerca de un número creciente de casos en la que académicos de izquierda (incluidos algunos profesores titulares, como Ward Churchill) han sido despojados de sus posiciones y esencialmente excluidos de la “educación superior” (como el brillante Norman Finkelstein) por transparentes razones políticas e ideológicas.

El control ideológico de la universidad está íntimamente relacionado con la economía de la “educación superior” en la era neoliberal. Profesores que profesan demasiado en formas que puedan ofender al poder concentrado son fácilmente prescindibles cuando son contratados únicamente por el curso, semestre o año académico. Los departamentos de contratación y los decanos pueden evitarse dolores de cabeza simplemente no renovando los contratos de los alborotadores. Profesores adjuntos e instructores temporales (glorificados “Profesores Asistentes” en muchas universidades) que deseen mantenerse en el mundo académico están bien instruidos de no sacudir los barcos doctrinales. Como señala el AAUP, “La relación de inseguridad entre los miembros del profesorado y sus instituciones puede enfriar el clima para la libertad académica… Profesores contingentes puede ser menos propensos a tomar riesgos en el aula o en el trabajo académico y el servicio… El libre intercambio de ideas puede verse obstaculizado por el miedo al despido por expresiones impopulares”.

El poder de disciplina ideológica de la economía de la universidad neoliberal se extiende hacia abajo a los estudiantes. Es poco probable que estudiantes, que deben comenzar a pagar las exorbitantes deudas estudiantiles el día después que se gradúen, pasen sus años universitarios perfeccionando sus habilidades de pensamiento y de activistas críticos para convertirse en agentes eficaces de la justicia social y ambiental y el cambio revolucionario. Tienen que centrarse en los cursos que les ayudará a cosechar grandes salarios corporativos.

Mientras tanto, el alto costo de la matrícula universitaria la hace inasequible para los estudiantes de clase baja y trabajadora, que serían los más propensos a desafiar las jerarquías reinantes de manera significativa. Por esta razón, entre muchas otras, me resulta difícil lamentar mi ausencia de las salas ahuecadas de la educación superior. Jóvenes privilegiados o en camino de serlo no son mi prioridad, y cada vez más, son los de cuna de seda los únicos que quedan para mirar tibiamente al profesor, mientras revisan su Facebook en las clases.

Paul Street enseñará un curso sobre la Historia de los movimientos sociales en Estados Unidos, este mes de enero en el Instituto Mundial de ZNet para el Cambio Social.

Fuente: http://www.telesurtv.net/opinion/El-mito-de-la-Academia-izquierdista-20160104-0010.html

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