Posmanifiestos (económicos)


Maciek Wisniewski*
En lo que se trata al análisis económico, El manifiesto comunista se queda un poco corto: destaca el enfoque sociológico y el llamado político. La razón es simple: en 1848 Carlos Marx aún estaba por desarrollar su crítica de la economía política y escribir El capital. Según Eric Hobsbawm, en El manifiesto, Marx (y Engels) se presenta(n) más como ricardista(s), que marxista(s) (sic), aunque los fundamentos de su óptica particular ya estaban allí.

Últimamente –y curiosamente– varios economistas más progresistas escogieron los manifiestos para ofrecer su análisis acerca del origen, naturaleza y posibles salidas a la crisis. Y para mover las conciencias de los gobernantes y de la gente común.

En El manifiesto de los economistas aterrorizados (2010), un grupo de estudiosos franceses mostró su indignación con la política de austeridad y centrarse en los déficit que no lleva a la recuperación, sino golpea a los más desprovistos.

Ubicando el origen de la crisis en el sistema bancario y financiero rechazaron las falsas creencias en los mercados y mostraron múltiples puntos débiles de la teoría y práctica económica ortodoxa, aunque su visión y propuestas de más regulación resultan muy convencionales.

En un sentido parecido Paul Krugman y Richard Layard, preocupados de que nada se está haciendo para salir del círculo vicioso de austeridad que asfixia el crecimiento y agrava el desempleo, lanzaron hace un par de meses A manifesto for economic sense, criticando las falsas ideas que dominaban durante la Gran Depresión y siguen dominando hoy (www.manifestoforeconomicsense.org).

Según ellos las raíces de la crisis están en los excesivos préstamos de la banca privada que inflaron los déficit públicos. El problema es la falta de demanda. La respuesta: un sostenido gasto público, reducción del desempleo y el fin de recortes basados en un falso argumento de restaurar la confianza. En su visión post-keynesista la crisis es –con más sensatez– manejable y el sistema, reformable.

Michael Roberts, un economista marxista que trabajó unos 30 años en la City de Londres, rescribió este documento titulándolo A manifesto for socialist sense (www.thenextrecession.wordpress.com).

Retomando el análisis de la crisis capitalista de Marx (y Engels) puso énfasis en el sector productivo y en la rentabilidad identificando su causa en la incapacidad del sistema para crear suficiente ganancia (que a su vez provoca la falta de demanda). La financiarización de las últimas décadas, las burbujas, el colapso bancario y crediticio no son sus orígenes, sino secuelas de la tendencia descendente de la tasa de ganancia que se observa desde la Segunda Guerra Mundial (y que ocasiona la falta de inversiones).

Aunque las políticas keynesianas podrán alivianar un poco el dolor, no sanarán la acumulación y a la larga incluso perjudicarán la rentabilidad. Para salir de la depresión y evitar otras crisis habría que sustituir el capitalismo por un modo de producción democrático y centralmente planeado: el socialismo.

La caída de la tasa de ganancia y la teoría de crisis son objetos de un intenso debate dentro del marxismo. Como observa en otro lugar Roberts, algunos como Gérard Duménil, la excluyen como una posible causa “porque Marx no la menciona en El manifiesto” (sic), culpando en cambio al sistema crediticio. Pero argumentar que su visión de crisis es mejor expuesta allí, que en las obras tardías, como el tomo II y III de El capital, Teorías sobre la plusvalía y Grundrisse, dónde aborda el tema con detalle, es por lo menos problemático.

Para Roberts –tal como lo explica en su libro The great recession (2010)– la caída de la tasa de ganancia debe ser vista como una explicación de las recurrentes crisis que se mueven en ciclos y no como una teoría del derrumbe.

Fue Henryk Grossman (1881-1950), un economista polaco-alemán que lo veía así y a partir del tomo III de El capital lo argumentaba en La ley de la acumulación y del derrumbe del sistema capitalista (1929). Para Paul Sweezy fue un argumento mecanicista, pero Rick Kuhn, el autor de la biografía Henryk Grossman and the recovery of marxism (2007) mostró que Grossman fue caricaturizado y en realidad era más sutil.

Grossman quería llevar el análisis de Marx en una dirección diferente (más fiel) que Hilferding, Lenin o Luxemburgo: rechazó el énfasis de los primeros dos en el capital financiero y el argumento de la última que el problema del capitalismo era la realización de plusvalía y la búsqueda de territorios vírgenes. Para él, más importante era el sector productivo y el problema, la inhabilidad del sistema de crear suficiente plusvalía. Igual que para Marx, la crisis era algo inevitable y no manejable. Un resultado necesario de las contradicciones del sistema en las cuales la mayor barrera de la acumulación es el capital mismo.

Formó parte del Instituto de Investigación Social en Francfort hasta que Max Horkheimer dejó de ver sus trabajos con buenos ojos y el instituto se distanció del marxismo más radical, mientras su pensamiento oficial se llenaba de aforismos y pesimismo.

Otra parte de respuesta porque Adorno y Horkheimer no lograron escribir una nueva versión de El manifiesto (véase la entrega pasada: La Jornada 24/7/12).

*Periodista polaco

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/09/09/opinion/020a1eco

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