Una polémica sobre concepciones y perspectivas acerca de la revolución. Commonwealth y Agrietar el capitalismo.


Hardt, Michael Holloway, John

Polémica entre Michael Hardt y John Holloway
 
Michael Hardt y Antonio Negri son autores de Imperio (2000), Multitud (2005) ycompletando la serie– Commonwealth. El proyecto de una revolución del común, publicado en español por la editorial Akal en 2011.
Paralelamente, John Holloway publicó Cambiar el mundo sin tomar el poder (2002), Contra y Más Allá del Capital (2006) y, más recientemente Agrietar el Capitalismo. El hacer contra el trabajo (Ediciones Herramienta, 2011).
Cada una de estas trilogías, por su lado, abrieron polémicas que están lejos de haberse agotado, pues cada título dio nuevos impulsos y tópicos a la discusión.
Ahora, Michael Hardt y John Holloway, con la lectura cruzada de sus últimos libros y el intercambio de cartas que de la misma se derivó, abren un nuevo ángulo de debate que, más allá de coincidencias y discrepancias en sus respectivas posiciones, está referido a las perspectivas y concepciones en torno a la revolución.
Nota de la redacción.
 

Julio de 2010
Querido John:
Una de las cosas que me gusta de Agrietar el capitalismo, y que creo que comparte con Cambiar el mundo sin tomar el poder, es que traza la genealogía de la revuelta. En otras palabras, comienzas con la indignación, con la rabia, con la furia que las personas sienten, pero no te detienes allí. Tu argumento lleva la revuelta tanto hacia la práctica creativa como hacia la investigación teórica.
Por un lado, aunque el rechazo es un factor esencial, quizás principal en tu argumento, en especial cuando hace referencia al quiebre o a la huida de las formas sociales capitalistas, cada fuerza destructiva está acompañada por una creativa; cada esfuerzo por derribar el mundo que nos rodea debe dirigirse a la creación de uno nuevo. E incluso más: ambos procesos (el destructivo y el creativo) no son separables, sino que están totalmente unidos o interrelacionados. Es por esto, como tú afirmas, que no tienee sentido pensar en la creación de una nueva sociedad sino hasta después de que la sociedad capitalista haya colapsado completamente o de que haya sido destruida. En lugar de eso, debemos luchar ahora por crear una nueva sociedad dentro de la carcasa de la vieja o, mejor aún, entre sus grietas, entre sus intersticios.
Por otro lado, demuestras cómo la revuelta debe conducir no solo a la innovación práctica, sino también a la teórica. Aunque tu libro comienza con un estado emocional y con ejemplos de resistencia práctica, el argumento central implica una investigación conceptual acerca del papel y el potencial de nuestras capacidades productivas en la sociedad capitalista, cosa que, creo, es más importante. No quiero con esto decir que propones una separación entre teoría y práctica. De hecho, tu argumento supone que ambas están completamente compenetradas o interrelacionadas. A fin de cambiar el mundo necesitamos no solo actuar de manera diferente, sino también pensar de manera diferente, lo que demanda que trabajemos sobre los conceptos y, a veces, inventemos conceptos nuevos.
Creo que el argumento central del libro, que distingue el hacer del trabajo e identifica la abstracción como poder fundamental de la dominación capitalista, es profundamente marxista. Podría parecer paradójico decir esto, porque diferencias con cuidado tus argumentos respecto de los de las tradiciones marxistas ortodoxas y, en cambio, los relacionas con los propios escritos de Marx, algunas veces elucidando lo que de hecho Marx dice y demostrando cómo sus afirmaciones se contraponen a la tradición marxista ortodoxa y, otras veces, yendo más allá de Marx. Aunque tu argumento efectivamente está en contra de la tradición marxista ortodoxa, leer así a Marx en contra del marxismo, e ir más allá de Marx, te coloca en la misma línea de (o, quizás sea mejor decir, en diálogo con) una de las importantes corrientes de las alguna vez llamadas tradiciones marxistas heterodoxas que surgieron a partir de la década 1960. Esto se puede ver con claridad, por ejemplo en le reclamo que central para el argumento de tu libro, de que nuestro proyecto de libertad no reside en nuestra liberación del trabajo, tal como defienden las ortodoxias marxistas y la ideología soviética, sino de una liberación a partir del trabajo. Me parece que esta es una consigna o principio esencial de esta tradición heterodoxa.
Una de las cosas que me vienen a la mente es que, mientras en la década de 1970, el marxismo ortodoxo era efectivamente dominante y estaba sostenido por los ideólogos de los distintos partidos comunistas oficiales, hoy en día esa línea de interpretación está completamente desvirtuada. En cambio, en la actualidad, creo que la tradición marxista está principalmente caracterizada por lo que solía ser la línea heterodoxa, aquella que contribuiste a desarrollar junto con tus colegas en la Conferencia de los Economistas Socialistas y en colaboración con tendencias similares que se manifestaron en Italia, Alemania y Francia. Esto es bueno y hace que, en la actualidad, la teoría marxista sea más interesante y relevante.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s