La globalización y el mito del libre comercio


Anwar Shaikh

El mundo hoy está asediado por una pobreza general y una desigualdad persistente. Algunos países en desarrollo han logrado avanzar pese a estos obstáculos, muchos otros no han podido y otros han retrocedido (pnud, 2002, cap. 1). ¿Cómo debemos proceder frente a estos problemas? ¿Qué papel debe cumplir el comercio internacional en todo esto? Es obvio que el acceso a los recursos internacionales puede ser de gran provecho para el desarrollo económico. Pero es igualmente evidente que puede causar muchos “perjuicios colaterales”. ¿Cómo debe proceder entonces una nación para aprovechar los beneficios potenciales al tiempo que evita los peligros potenciales?
La respuesta que hoy predomina en la teoría y la política es la que dio Mike Moore, anterior Director General de la Organización Mundial de Comercio (omc): “la manera más segura para ayudar más a los pobres es continuar la apertura comercial” (Agosin y Tussie, 1993 pág. 9). Así los países poderosos presionan al mundo en desarrollo para que libere totalmente el comercio, sobre la base de que la mejor manera de elevar el nivel de vida global es la maximización del comercio (Rodrik, 2001, pp. 5,10).
Pero ha aparecido una creciente oposición a esta agenda. Desde fuera del “Consenso de Washington” y sus variantes ha surgido un ataque ascendente a sus pretensiones teóricas y empíricas. Se argumenta que la evidencia empírica no respalda la relación entre liberalización comercial y crecimiento más rápido. Se concluye que, por el contrario, casi todas las experiencias exitosas de crecimiento orientado a las exportaciones han sido el resultado de un comercio selectivo y de políticas de industrialización. Hasta tal punto que no “hay ejemplos de países que hayan logrado altas tasas de crecimiento y de exportaciones con las políticas de liberalización general” (Agosin y Tussie, 1993, pág. 26; Rodrik, 2001, pág. 7). Esto es válido no sólo para la última época sino también para el pasado lejano, cuando los países que hoy son ricos estaban ascendiendo por la escala del éxito. Pues recurrieron intensamente a la protección del comercio y a los subsidios, ignoraron las leyes de patentes y de propiedad intelectual y, en general, sólo defendieron el libre comercio cuando les daba ventajas económicas. De hecho, los países ricos mantienen muchas de estas políticas aun hoy en día (Agosin y Tussie, 1993, pág. 25; Rodrik, 2001, pág. 11).
Esos sentimientos han comenzado a manifestarse aun en las principales agencias que impulsan la agenda dominante. La aguda crítica de Joseph Stiglitz a la omc y a las políticas del fmi tiene repercusiones en todo el mundo (Stiglitz, 2002). Y más recientemente, incluso el mismo fmi ha aceptado a regañadientes que, en contra de las predicciones optimistas de sus modelos teóricos, el examen sistemático de la evidencia empírica lleva a la “sobria” conclusión de que “no hay ninguna prueba empírica de que la globalización financiera haya beneficiado el crecimiento económico” en los países en desarrollo (fmi, Prasad, Rogoff, Wei y Kose, 2003, pp. 5-6).
De modo que si la liberalización del comercio global no produce los resultados teóricos, ¿cual es el problema básico? En este ensayo argumento que la deficiencia está en la teoría del libre comercio, en el principio de los costos comparativos en el que se fundamenta. Desde este punto de vista, no es el mundo real el que es “imperfecto” porque no se conforma a la teoría, sino la teoría la que es inadecuada para el mundo que pretende explicar. Argumento que, en realidad, la globalización ha funcionado como se esperaría desde el punto de vista de lo que llamo teoría clásica de las “ventajas competitivas” Es decir, por lo general favorece a los desarrollados frente a los que están en desarrollo y a los ricos frente a los pobres.
La Sección II.1 de este artículo muestra el papel fundamental que ha cumplido la teoría de los costos comparativos en las recientes políticas de liberalización del comercio y discute los diversos problemas empíricos con que tropieza esta teoría. La sección II.2 examina las dos principales ramas que surgieron de la teoría ortodoxa del comercio en reacción a sus debilidades empíricas. La sección II.3 esboza la teoría clásica de las ventajas competitivas como tercera alternativa y explora algunas de sus principales implicaciones.
En la sección III se examina la relación entre la liberalización del comercio y el registro histórico. La Sección III.1 muestra que los países desarrollados no siguieron las mismas políticas que hoy proponen, y en muchos casos no las siguen ni siquiera hoy en día. En la Sección III.2 se argumenta que aun en la época moderna no hay ningún vínculo convincente entre liberalización del comercio y desarrollo económico. La Sección IV resume la evidencia histórica y empírica precedente, y las relaciona con la teoría clásica de las ventajas competitivas.

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