En recuerdo del doctor Héctor Abad Gómez, colombiano ejemplar


Jorge Munguía Espitia

En 1987 fue asesinado en calles de Medellín el doctor Héctor Abad Gómez. El hecho conmovió a la sociedad colombiana porque el hombre era un luchador social que durante toda su vida buscó mejorar las condiciones de los humildes. Para lograrlo se centró en la salud pública por los altos niveles de enfermedad y muerte en ese grupo. Así promovió la potabilización de los acueductos debido a la mala calidad del agua y realizó campañas de vacunación infantil. También se abocó a la docencia, donde formó a varias generaciones de médicos, así como defendió a la Universidad de Antioquia ante la expulsión de varios profesores liberales y de izquierda promovida por autoridades y grupos de derecha.
El continuo contacto con la pobreza y la intolerancia que se extendió por toda Colombia desde los años setenta, lo radicalizó y llevó a otro tipo de demandas, como exigir justicia para los desamparados, así como protección para los perseguidos. Además denunció la infamante situación social con artículos editados en uno de los principales periódicos. La continua rebeldía y delaciones molestó a políticos y empresarios que lo mandaron matar por medio de un grupo paramilitar.
El brutal homicidio incitó a su hijo, el escritor Héctor Abad Faciolince, a relatar el suceso debido a que “… fui testigo cercano de una vida buena y porque quiero dejar testimonio de mi dolor y de mi rabia por la forma en que nos cercenaron esa vida.” Además, porque “…la única posibilidad de olvido y perdón consiste en contar lo que pasó…”.
La narración aparece bajo el título El olvido que seremos (Seix Barral, Col. Biblioteca Breve, México, 2011. 274 p.). El nombre proviene del soneto de Borges titulado “Epitafio”, que llevaba el doctor Abad en el bolsillo el día de su homicidio (“Ya somos el olvido que seremos./ El polvo elemental que nos ignora.”). La relación que hace Abad Faciolince no se circunscribe al momento en que ocurrió la tragedia, sino que incorpora momentos del pasado de la familia y el país para dar al lector una idea del contorno de esos años. Igualmente es acertada porque equilibra la emoción y el dolor, lo que le evita caer en el sentimentalismo, e incorpora una reflexión crítica sobre los actos de su padre y señala los errores de la izquierda.
El olvido que seremos es una denuncia de la irracionalidad con la que procedió el estado colombiano a finales del siglo pasado. Las acciones políticas de instituciones y grupos a través de la violencia pretendieron mantener un orden que descansaba en la injusticia y provocaba pobreza, dolor y angustia… No obstante, a pesar de la intimidación, las necesidades de los más los orillaron a la protesta y la rebelión permanentes. La insumisión indica que el desorden sólo acaba cuando desaparece al abuso, y el recurso de la violencia genera una mayor exasperación.
El olvido que seremos es una novela que se editó en 2006 e inmediatamente se agotó, ahora se reedita de manera profusa para toda Iberoamérica. La lectura es sugerente para estos tiempos revueltos, donde se insiste en resolver los problemas sociales con el recurso de la fuerza y se olvida solucionar las causas que lo provocan.

Artículo aparecido en la revista Proceso

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