El momento político actual, las elecciones nacionales y la izquierda en Argentina


Colectivo Contribución a la Crítica

El escenario político nacional en los últimos años viene cambiando continuamente bajo el signo de las numerosas mutaciones con las que el gobierno kirchnerista buscó responder a los vaivenes de la lucha de clases

A los pronósticos sobre la casi segura desaparición del kirchnerismo después de las elecciones de 2009, se sucedieron los pronósticos sobre su imbatibilidad, provocado por lo que a estas alturas, aparece como un casi seguro triunfo oficialista. Esta experiencia política, que vino a superar la crisis de representación política condensada en la crisis del “ 2001” con todas sus implicancias, parece haber cumplido su tarea en ese campo, solamente a medias.

En efecto, el kirchnerismo en el gobierno implicó la reconciliación de importantes sectores de la población con las instituciones y el régimen de dominación en general. Al mismo tiempo, marca que, al menos la reconstitución de un sistema de partidos depurado que garantice la alternancia y el recambio estable sigue sin estar resuelto.

La oposición burguesa está dispersa, débil, tanto es así, que varios de sus referentes se bajaron de la carrera presidencial antes de comenzarla. El peronismo “satánico” esa variopinta coalición que abarca desde Duhalde y Solá a Rodríguez Saa, De la Sota , Reutemann,  Das Neves (el que según los pintorescos afiches “come perros”) y Menem pasando por Barrionuevo, el Momo Vanegas y alguno más, demostró no sólo no existir en la realidad como un único bloque sino que actúa en dos sentidos. Una parte apoya al gobierno (Desde los delasotistas reconvertidos en Chubut a Gildo Insfrán en Formosa pasando por los Saadi en Catamarca  el MPN en Neuquén devenido aliado oficialista al igual que el mismísimo “innombrable” en La Rioja ).

Los principales referentes de la otra parte optaron por bajarse (como el caso de Solá) o presentar candidaturas testimoniales (como Duhalde) más destinadas a robarle algunos votos peronistas al gobierno y a aclarar que el radicalismo va solo, que a disputar seriamente la presidencia.

El radicalismo, tradicionalmente un partido con dirección en la burguesía agraria y base en la pequeña burguesía urbana (que dio base material a su característica de partido de derecha con elementos progres en su interior) se encuentra en una crisis de la que no sabemos si esta vez la burguesía y la centroizquierda lograrán sacarlos (como lo hicieron en la segunda mitad de los noventa con la Alianza ) El esfuerzo tanto de los medios de comunicación opositores como los oficialistas por presentar la candidatura de Alfonsín con el agregado de De Narváez como una poderosa coalición entre le Radicalismo y el Peronismo no logra ocultar la casi inexistencia, escaso peso y  nulo entusiasmo que contagia “Ricardito”, el supuestamente principal candidato opositor.

Tanto es así que sus históricos aliados (Los Socialistas) optaron por abandonar el barco y emprender la construcción de un nuevo “espacio” de centro izquierda (aún más de centro que de Izquierda que los anteriores) En este frente el PS  busca ubicar tras de sí esquirlas de los partidos tradicionales (como el GEN y el peronista Juez) y por otro –aunque con mas cortocircuitos- a la centroizquierda y el progresismo de viejo cuño como Proyecto Sur e incluso partidos provenientes de la izquierda que como el MST, renunciaron a su independencia para sumarse  a esta fuerza de notorio corte centroizquierdista.

En este escenario es que comienza a intervenir el Frente de la Izquierda y los Trabajadores (en adelante FIT) como el único espacio electoral que representa a los trabajadores, a los sectores que están en lucha. Asimismo el único espacio que representa a estos sectores tiene algunas debilidades. La primera es que no incluye a todos los sectores en lucha y en segunda instancia porque la ley electoral puede excluir de la elección a una orientación política de estas características, no excluyendo un partido en particular sino todo el espectro en general.

 La “Reforma Política”, las elecciones y el frente de izquierda: ¿Es el FIT una alternativa de clase?

Una de las banderas que el kirchnerismo enarboló en sus inicios fue la de “la reforma de la política”. Esta se entendía generalmente como una superación de los partidos tradicionales despejando su “lado malo” (punteros, funcionarios excesivamente corruptos, etc) y lo que se dio en llamar “mejora de la calidad institucional”. Después de ocho años, y un sinfín de zigzagueos políticos entre la “transversalidad”, la “concertación plural” con los radicales y socialistas K y la pejotización, la “Reforma de la Política ” se transformó en la “Ley de Reforma Política”.

No hubo amputación del “lado malo” no hubo transformación o superación del PJ, no hubo recambio de la burocracia sindical. Sólo una ley de internas abiertas que buscaba por un lado regular la competencia al interior del partido gobernante, conjurar las amenazas de ruptura y desalentar la diáspora después de la derrota en las legislativas de 2009 y por otro limitar el acceso a la competencia electoral de los potenciales rivales por izquierda

Este no es un tema menor para un gobierno que se siente mucho más cómodo enfrentando discursivamente a la derecha que cuando es cuestionado por izquierda. La incomodidad que trasluce cuando tiene que discutir con inveterados nacional populistas que le cuestionan el dudoso contenido del mentado “proyecto nacional”, se trasforma en intolerancia, desdén y “algo más” a la hora de tratar con la izquierda.

Así la ley parecía una lápida para la izquierda clasista Pero esa expectativa, demostró ser, al menos por ahora, demasiado prematura.

Comprobando una vez más que la política no es un tablero donde todo está digitado y que las ironías de la historia siguen jugando su papel, la ley destinada a reforzar el bipartidismo y a barrer a la izquierda del mapa es la misma que posibilita la clarificación del escenario político: la creación de un frente de tinte opositor en el centro del espectro entre las distintas fuerzas encabezadas por el PS acompañado a medias por Pino Solanas y sus aliados es otro efecto “no deseado” pero al mismo tiempo pone “blanco sobre negro”. Este variado espacio “multicolor” (están todos los colores menos el rojo) suma tras de sí partidos y grupos que, provenientes de la izquierda, abandonan cualquier planteo de independencia de clase, algunos para la ocasión, otros de forma mas permanente, o lo hicieron hace tiempo ya.

Un párrafo aparte merece la “centroizquierda” oficial encabezada por Sabatella, el Nuevo Espacio, el Partido Comunista oficial y su secretario extraoficial el banquero Heller, y el sector Yasky de CTA, quienes abandonaron hace tiempo cualquier reclamo de independencia, ya no de clase sino de cualquier especie.

Por otro lado, la misma ley facilita la creación del FIT como un frente clasista y contra la proscripción impuesta por el gobierno. En este sentido es cierto que el FIT se conforma en respuesta a esta situación, y a la amenaza de exclusión del terreno electoral. También creemos que se trata de una respuesta positiva.

Podemos discutir si la reforma electoral, supone una proscripción lisa y llana, una restricción o “simples limitaciones” pero ese tipo de disquisiciones no nos parecen relevantes en este momento. Lo que sí nos parece relevante es que se trata de una media antidemocrática que restringe los derechos políticos “ciudadanos” en general y de la Clase Trabajadora , en particular, ya que apunta directamente a sesgar sus posibilidades de expresión política por fuera de los partidos burgueses tradicionales.

En ese sentido, si bien es cierto que la restricción no es exclusivamente hacia la izquierda tiene sin embargo, un fuerte sesgo de clase, que apunta hacia la misma y supone una diferencia cualitativa respecto al resto del arco político:   Mientras la eventual exclusión de los ultraliberales como Lopez Murphy, y los ultraconservadores como el tristemente pintoresco Juez Cruciani, el Modin y otras formaciones similares no representa un problema para la burguesía que encuentra canales de expresión suficientes al amparo de los grandes partidos patronales (muestra de esto son nuevamente las recientes elecciones provinciales); la posible exclusión de la izquierda si representa un serio problema no sólo para la izquierda partidaria misma sino para el conjunto de la clase trabajadora y las fuerzas populares.

Esta afirmación requiere aclarar un punto: Históricamente la izquierda clasista en general y la izquierda partidaria en particular se destaca en la defensa de los derechos e intereses de la clase trabajadora. Los últimos años no fueron la excepción. Donde quiera que hay un conflicto encontramos un (o una) activista de la izquierda presente, y no precisamente como “deletéreos agitadores profesionales” responsables de todos los males del país (diagnostico en el que tienden a coincidir desde Julio Argentino Roca, a Hugo Biolcati y Aníbal Fernández, entre otros) sino para contribuir desinteresadamente, y aún a riesgo de su propia vida, en la lucha por un mundo mejor, con el convencimiento de que sólo será posible de forma consecuente con el triunfo del socialismo.  De esta forma, no vemos en qué punto, esto pueda ser considerado como un desmerecimiento.

No se trata tan solo de la presencia física en los conflictos, o del trabajo cotidiano de organización y lucha. No se trata solamente de que la propia izquierda no es en definitiva “un cuerpo ajeno o infiltrado” sino que es, de hecho, parte de la  misma clase trabajadora. Aún con sus limitaciones, errores y aciertos, la izquierda clasista expresa una apuesta política por la emancipación de la clase trabajadora del yugo de la explotación y la opresión, una apuesta por la efectiva realización de una sociedad sin explotadores ni explotados.

Con esto no pretendemos minimizar  los problemas que el FIT como frente electoral pueda tener y que en definitiva no pensamos que sean completamente ajenos a los que efectivamente tenemos todos los que nos consideramos parte de la izquierda. Solamente nos preguntamos si esos problemas hacen preferibles otras opciones como algún partido burgués o de centroizquierda. Si algún problema que pueda presentarse hace mejores a los candidatos que respaldan este gobierno, este estado, o esta sociedad de clases. Sinceramente nos contestamos que no.

Un paso necesario

La situación política y la coyuntura electoral presentan un desafío y una oportunidad  en un sentido mas vasto, que excede el mero recuento de votos.

Entendemos que el problema más general que ha enfrentado la izquierda en esta etapa, al menos desde el 2001 en adelante, ha sido la dificultad para proyectar en el terreno político su presencia en el activismo de base, la militancia social, en los lugares de trabajo, en las fábricas, en los barrios, en los colegios y universidades.

Este problema general, al día de hoy y en esta coyuntura particular, se expresa en la cuestión electoral, y muy especialmente en el carácter prescriptivo y antidemocrático de las primarias.

De esta manera, el FIT se constituye como una herramienta para expresar políticamente una opción de clase en el terreno electoral, frente a los partidos del régimen, asumiendo simultáneamente una lucha democrática para que esta alternativa clasista pueda expresarse en las elecciones de octubre.

De este modo, la lucha democrática contra la proscripción electoral no se separa de la lucha por una alternativa de clase sino que los dos aspectos aparecen directamente vinculados.

El resultado electoral que obtenga el FIT no puede resultar indiferente para ningún luchador. Si la izquierda no superara el límite de las primarias, no va a desaparecer ni mucho menos. Mal que le pese a las patronales y sus partidos, la izquierda política y social en sus múltiples expresiones se encuentra estructurada e inserta en una gran cantidad de espacios y ámbitos de base. Sin embargo un resultado adverso supondría un duro golpe que no carecerá de consecuencias. Las consecuencias las sentiríamos todos en la actividad de base. Las derechas de todo color y pelamen, oficialistas y opositoras sin duda se envalentonarían, redoblando su ya habitual macartismo y la actitud persecutoria amparándose en un mayor sentimiento de impunidad.

Contrariamente, la presencia de una opción de izquierda clasista en el escenario político nacional, será más que una simple sumatoria a la cuenta particular de las fuerzas integrantes del frente, expresara la reafirmación de la fuerza social construida por una generación de luchadores y activistas.

Históricamente escuchamos que la izquierda va dispersa y fragmentada a las elecciones, y somos muchos los que más de una vez, nos encontramos en una situación en la que teníamos que elegir por una u otra opción sin encontrar diferencias programáticas realmente de fondo entre algunas listas. Hoy por hoy no estamos ante este tipo de escenario. La izquierda partidaria que compite electoralmente presenta una opción clara. En este sentido, el FIT representa una respuesta a un viejo reclamo de mayor unidad y menor fragmentación.

Por lo tanto, ante esta respuesta política que dan los compañeros de los principales partidos de izquierda a la situación actual, creemos que nos corresponde acompañar activamente. Asimismo, consideramos que no es momento para priorizar pequeñas reticencias o para sacar a flote viejas rencillas o rivalidades, y si lo es para respaldar a la izquierda que compite electoralmente contra la exclusión que quiere imponerle el gobierno y como un primer paso en una forma de construcción política que priorice el interés de la clase trabajadora por sobre competencias o egos particulares. Si la izquierda logra un presencia sólida y eficaz en esta contienda electoral, es probable que esto fortalezca el animo de todos los luchadores y que impulse a la politización de mayor número de activistas pertenecientes a la clase trabajadora.

Por eso insistimos en que el resultado que obtenga el FIT en estas circunstancias no es neutral para el conjunto de la izquierda y los luchadores. Es esperable que las organizaciones que encabezan el frente tengan la oportunidad de referenciarse y de acumular en mayor medida que el resto de la izquierda, pero eso no nos molesta en absoluto, lo asumimos como un hecho circunstancial propio de la política concreta. Después la capacidad para proyectar y consolidar esta referencia a mediano plazo dependerá no solo de los resultados que obtenga el frente sino (más aun) de la política que cada una de las organizaciones lleve adelante.

En estas condiciones hay quienes pueden suponer que impugnar el voto al frente por una figura en particular puede ser algo correcto, pero aquí no se trata de individualidades o de un partido u  otro, se trata de poder potenciar las luchas, de respaldar a las organizaciones de base que luchan contra este sistema de explotación, de poder fortalecer el único espacio existente en esta contienda política de las que ninguna otra fuerza de este campo esta participando. Otros compañeros pueden suponer que seria conveniente instrumentar hábiles tácticas para votar individualmente a tal o cual candidato burgués, pero lo cierto es que esto fortalece el campo del estado y achica el poder de los trabajadores y las organizaciones en lucha.

El FIT no es una panacea, ni representa la resolución inmediata de todos nuestros problemas, pero es un primer paso. Un paso al que esperemos sigan otros, sabiendo que no serán automáticos ni sencillos, sino con avances y retrocesos, porque la dialéctica de la lucha de clases supone avances y retrocesos, y no suele desarrollarse linealmente.

Impugnar el frente en función de lo que debería ser, se asemeja a serruchar la rama del árbol en la que estamos sentados. Apostar a su extensión y  buen desempeño, aunque no seamos parte de alguno de los principales partidos que lo componen, estemos o no de acuerdo con el grueso o el total de sus postulados, es parte de una actitud indispensable si queremos realmente transformar este país y este mundo.

Si pretendemos construir una fuerza social y política capaz de disputarle el poder a la burguesía, debemos tener la capacidad de reconocer una buena iniciativa aunque esta surja ¿y cuando no? bajo el peso de circunstancias impuestas, aunque no sea de nuestra “propiedad”. Después de todo, como socialistas, no nos interesa ser “propietarios” sino construir un mundo en que los proletarios y proletarias rijan su propio destino.

Luchar ideológica y políticamente por la independencia de clase, frente a los partidos del régimen, dando al mismo tiempo una disputa democrática para que esta alternativa pueda expresarse en las próximas elecciones, y participar activamente en este proceso es la tarea.

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